lunes, 18 de mayo de 2015

La última carta

En el verano de 1921 se produjo la mayor derrota sufrida por el ejército español a lo largo de su historia, el llamado "Desastre de Annual". Entre el 22 de julio y el 9 de agosto de 1921 el ejército español perdió más de 10.000 hombres entre muertos y desaparecidos a manos de las cabilas rifeñas agrupadas en torno al mando de Abd el-Krim. La retirada de la posición de Annual, asediada por más de 18000 rifeños, se convirtió en una fuga desordenada de miles de españoles invadidos por el terror que se lanzaron a un sálvese quien pueda propicio para que fueran cazados como moscas por los guerreros rifeños. Esta derrota fue el resultado de la conjunción de una multitud de errores en las decisiones tácticas tomadas por los mandos, pero sobre todo fue la consecuencia de la corrupción que como un parásito reinaba en las instituciones del estado. El ejército tampoco se libró de este mal, y la guerra de África aportaba pingües beneficios a la oficialidad, eso sí, “trapicheando” con el dinero y material destinado a abastecer a los miles de paisanos sacados de sus pueblos para combatir en una tierra hostil. Hombres, que al contrario de los más pudientes no tuvieron la oportunidad de pagar para librarse de combatir en las pésimas condiciones en las que los “negocios” de la oficialidad mantenían a la tropa. Las vergüenzas del ejército español en el Protectorado español de Marruecos fueron sacadas a las luz gracias al informe que el ministro de guerra ordena realizar al general Juan Picasso para esclarecer la derrota. El Expediente Picasso como fue conocido fue uno de los detonantes del golpe de estado del general Primo de Rivera de 1923. 

 Capitán don Félix Arenas Gaspar
 defendiendo los cañones en retirada hacia Monte Arruit,
 
Cuadro de Ferrer Dalmau.
En relación con esta derrota hace un tiempo encontré una noticia publicada en diciembre del año 2013 que creo digna de figurar en las páginas de este blog. La información recoge que en la primavera de 2012 unas excavaciones realizadas en el antiguo fortín español del monte Arruit sacó a la luz el cadáver momificado de un soldado español que portaba entre sus pertenencias una carta dirigida a su novia y que nunca llegó a su destino. 
Los sucesos que se dieron en Arruit fueron dantescos, situado a 30 kilómetros de Melilla, en este monte se situaba un fortín que recibió a partir del 29 de julio recibió a la mayoría de supervivientes de la retirada de Annual. Entre el 29 de julio y el 9 de agosto los soldados resistieron de forma desesperada, finalmente y ante la falta de auxilios se rinden ante los rifeños. Una vez desalmados y rendidos fueron masacrados más de 3000 hombres, el soldado protagonista de nuestra historia fue uno de esos fallecidos.

El fortín de monte Arruit tras la masacre.

La carta encontrada entre las pertenencias del cadáver aparece dentro de un sobre que contiene el siguiente llamamiento para que se realice la entrega de la misiva.


“Hermano de armas, si lees esto será porque yo habré muerto. Por favor, cumple la última voluntad de este soldado español que ha caído por la Patria y haz llegar esta carta a María […] que vive en Málaga en la calle […]. Sus padres se llaman Manolo y Antonia.” 


El contenido de la carta nos dice lo siguiente:


“Mi dulce María, Nunca pensé escribir esta carta, pero lo preocupante de la situación me lleva a ello. Llevamos días atrincherados y defendiendo Monte Arruit, apenas tenemos agua y comida. Los moros nos cercan y nos hacen fuego, cada día tenemos nuevas bajas, ya sea por causa enemiga o por efecto del calor, y no tenemos medicamentos ni medios de asistencia sanitaria. 


Según dicen, el General Berenguer le ha prometido a Navarro que mandarán refuerzos desde Melilla, pero la ayuda nunca parece llegar. Hay descontento y pesar entre los hombres aquí. Hay rumores fiables de que se negociará la rendición de la plaza, pero no sabemos mucho más al respecto. No sé qué pasará, hemos pasado muchas penurias en esta maldita guerra, pero como la de Monte Arruit no la he vivido. Ya se sabe como actúan los moros y tengo mucho miedo por lo que pueda pasar, estamos prácticamente a su merced y no creo que podamos resistir mucho más el hostigamiento al que nos someten. En el campamento tratamos de animarnos los unos a los otros; por su parte, día tras día, los oficiales nos recuerdan lo que implica ser un soldado español con arengas patrióticas, pero lo que más nos reconforta, dentro de lo que se puede, es la camaradería que hacemos todos en estos difíciles momentos. La verdad que no sé por qué te estoy contando esto, supongo que por egoísmo al desahogarme con este papel. No quiero robarte más líneas, ya que esta carta es para ti: la dulce niña de mis ojos, mi morena, mi malagueña, mi razón de vivir, mi anhelo, la estrella que me guía en las noches, la única persona por la cual suspiro día tras día y me reconforta pensar que pronto te veré, que pronto te abrazaré, que pronto te besaré y que pronto me casaré contigo. Dios sabe lo mucho que te quiero. Aún me acuerdo de la primera vez que te vi, con aquel vestido azul, tu pelo negro azabache recogido en un coco, esos ojos verde esmeralda que son capaces de cegar más que este sol africano y convertir a cualquier hombre en estatua de sal con sólo regalarle una mirada tuya. Me acuerdo de la canasta de mimbre llena de pescado que llevabas pues venías del mercado y como yo, apoyado en la pared de la calle de mi casa, quedé absorto ante tu belleza. Te eché un piropo cuando pasaste por delante mía, no pensé que me hicieras caso, ya que tal hermosura tiene que estar acostumbrada a que te los digan, pero giraste tu preciosa cara, me miraste y me sonreíste. Bendito piropo aquel. Te pedí acompañarte a casa para hablarte por el camino y me lo permitiste. Desde entonces fuimos inseparables, me costó que tu padre me aceptara, pero ya sabes que la insistencia siempre ha sido mi virtud. Aún me tiemblan las piernas cuando me acuerdo de aquel primer beso que te robé en la puerta de la casa de tu tía, se nos paró el mundo alrededor en ese instante. En fin, hay tantas cosas que podría contar… Seguro que mientras lees esto estás esbozando una sonrisa. 


En estas líneas que llevo hablando de ti se me ha olvidado momentáneamente todo lo que estoy pasando aquí. Siempre serás mi mejor medicina y el remedio de todos mis males. Ya sabes que al comienzo de esta carta te dije que nunca pensé escribirla. Es de despedida, mi amor. Si recibes esta carta será porque yo ya no estaré. No quiero ser egoísta y por ello te pido que no me guardes luto, que no te apenes por mí, que rehagas tu vida lo más pronto posible y que no me eches en falta pues yo siempre estaré contigo en cada momento de tu vida. Que seas muy feliz y que hagas realidad todos tus sueños, ya que los míos se cumplieron cuando me dejaste amarte. Quiero que sepas que mis últimos pensamientos son para ti y que siempre te querré y cuidaré allá donde esté. Monte Arruit a 8 de agosto de 1921. De tu soldadito, Pedro.”

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Magnífica entrada. No puedo evitar al leerla acordarme de esta canción del último de la fila, "querida Milagros".
https://www.youtube.com/watch?v=Z1xc48OtgyA

Saludos.

Pretoriano dijo...

Gracias por tu comentario. Gran canción, si...

silvi landa dijo...

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